El Ocho es una conocida novela de Katherine Neville, publicada a mediados de los ochenta, y que ha sido desde entonces una de las novelas más leídas en el mundo.
Catherine Velis, experta en ordenadores, se ve involucrada en la peligrosa búsqueda de un legendario ajedrez que perteneció a Carlomagno. En sus piezas se halla una fórmula vinculada a la alquimia, la masonería y las fuerzas cósmicas y, al parecer, quienes intentan recuperarlas sufren amenaza de muerte.
Arrastrado por la fascinante prosa de la autora de El circulo mágico, el lector se sumergirá en la historia europea, de 1790 a 1970, y conocerá a los singulares propietarios de los trebejos, los crímenes que cometieron y la relación que sostuvieron con grandes figuras de su tiempo, como Napoleón, Roberspierre, Casanova, Voltaire, Newton o Catalina la Grande.
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Argumento
La trama de la novela es una compleja madeja de saltos en el tiempo que van desde los albores de la Revolución Francesa hasta el momento en que se está escribiendo la novela, es decir a principios de los años setenta en víspera de la crisis enérgetica del petróleo. Ambas historias giran en torno a un ajedrez mágico y que perteneció a Carlomagno. Éste había permanecido escondido en un convento durante mil años y custodiado por las madres superioras de dicho convento. Sin embargo con los sucesos acaecidos en la revolución francesa no son pocos los personajes importantes que van a buscar el ajedrez. Desde Robespierre a Catalina la Grande, y más tarde Napoleón y otros personajes históricos.
Descripción del Ajedrez de Montglane (Shatranj)
El tablero, forjado exclusivamente en plata y oro, medía un metro entero por cada lado. Las piezas, de metales preciosos afiligranados, estaban tachonadas con rubíes, zafiros, diamantes y esperaldas sin tallar pero perfectamente lustrados, y algunos alcanzaban el tamaño de huevos de codorniz. Como destellaban y resplandecían a la luz de los faroles del patio, parecían brillar con una luz interior que hipnotizaba a quien los contemplara.
La pieza llamada sha o rey alcanzaba los quince centímetros de altura y representaba a un hombre coronado que montaba a lomos de un elefante. La reina, dama o ferz iba en una silla de manos cerrada y salpicada de piedras preciosas.
Los alfiles u obispos eran elefantes con las sillas de montar incrustadas de raras gemas y los caballos o caballeros estan representados por corceles árabes salvajes; las torres o castillos se llamaban ruji, que en árabe significa carro. Eran grandes camellos que sobre los lomos llevaban sillas semejantes a torres. Los peones eran humildes soldados de infantería de siete centímetros de altura, con pequeñas joyas en lugar de ojos y piedras preciosas que salpican las empuñaduras de sus espadas.


